MIS EXPERIENCIAS!

 

 

Antonio Navarro, tanatopractor

«Para mí un cadáver

sigue siendo una persona»

17/05/2002

Sólo las funerarias de Barcelona, Vic y Terrassa trabajan con tanatopractores de forma oficial en Catalunya. Maquillan a los difuntos, los visten o amortajan, les limpian las uñas, los perfuman, los peinan y, si lo pide la familia, les colocan la insignia del Barça en la solapa o una petaca de whisky en el bolsillo.

El portavoz y tesorero de la Asociación de Profesionales Tanatoprácticos de Catalunya, con 35 socios en toda España (30 de ellos catalanes), el terrasense y empleado de la Funeraria Egarense, Antonio Navarro Ramírez, 40, ha estado en Sabadell para explicar cómo se puede amar una profesión así.

 

-¿Satisface arreglar un difunto?

-Satisface que el familiar te diga «está igual como era».

-¿Y cómo sabe usted como era?

-Por pequeñas pistas. Si le veo las cejas perfiladas sé que es una señora que se arreglaba y ya maquillas con más sombra.

-¿Y el peinado?

-Si no puedo adivinarlo, lo pregunto a la familia. Y si me equivoco, lo cambio.

-¿Pero el objetivo es dejarlos guapos o conservarlos?

-La tanatopraxia es la conservación del difunto, maquillaje y adecuación y restauración en general.

-¿Ha dicho restauración?

-Si ha tenido un accidente es normal restaurarlo para mejorar la imagen. Eso lo aprendí en Francia.

-¿Restaura también a los donantes de órganos?

-Sólo a los de ojos. Les ponemos unas bolitas de algodón bajo los párpados y cortamos la pérdida de sangre. Pero la falta de corazón o riñón apenas se nota.

-¿Tiene que conservarlo para sólo dos o tres días?

-Un paro cardíaco ya los pone muy oscuros, las enfermedades del estómago hinchan el vientre y el cáncer descompone rápidamente.

-¿Cómo combate el olor?

-Con sprays o mascarillas. Pero a veces no hace falta. El olor depende del tiempo que lleve en cama, de si ha estado o no hospitalizado o de si se hace las heces.

-¿Heces post-mortem?

-Sí. Y también se orinan. A veces al morir se pierde la retención.

-¿Es cierto que siguen creciendo uñas y pelo?

-Sí, nosotros casi siempre tenemos que afeitar a hombres y depilar a mujeres.

-¿Hay un color a muerto?

-No. Cada cual tiene su color. La cara pierde tonalidad pero los líquidos que introducimos vía arterial llevan un colorante que devuelve el tono.

-¿Ya no se fotografían?

-No. Ya casi nadie lo hace.

-¿Su trabajo le ha dado alguna pista sobre el más allá?

-Ninguna. Sigo sin tener ni idea al respecto.

-¿Se siguen todavía técnicas de los momificadores egipcios?

-No. Ese líquido conservante vía arterial nada tiene que ver con los egipcios.

-Pues aquellos cadáveres se conservan 3.000 años.

-Nuestra idea es conservarlo sólo unos días mientras la familia le vela. Luego tiene que descomponerse rápidamente porque la ley permite trasladar cadáveres en el cementerio a partir de dos años.

-La reciente exhumación del papa Juan XXIII descubrió un cuerpo casi incorrupto ¿Milagro?

-Un cadáver se puede conservar con ceras para prevenir hongos, como los de Lenin y Evita. Pero se nota. Juan XXIII tenía una cara como de muñeco, producto de la cera. No, no hay milagros.

-¿Y fantasmas? ¿Se le ha levatado alguna vez un cadáver?

--Una vez una señora nos paralizó un entierro durante una hora porque le pareció que el difunto se había movido. Todo fue un error, claro. No correría yo nada si se levantara.

-¿Tendría miedo?

-Claro que sí. Yo las películas de miedo no las soporto.

-¿Qué es para usted un cuerpo?

-Sin duda una persona. Eso es lo que da ilusión de este trabajo.

-Pero no tiene vida.

-Para mi sigue siendo una persona. Adecentar el cuerpo, las flores y la caja es un último gesto de amor. Y cuando su entorno desprende tanto amor, es que él también es una persona.

-¿Qué cosas pide la familia?

-Cada cual tiene su costumbre y yo las respeto todas. Una vez le puse al difunto unas gafas de sol y otra un paquete de tabaco o una botella de whisky.

-¿Se pide vestir o amortajar según el nivel cultural?

-Nosotros siempre amortajamos judiciales, contagiosos y autopsias. En general, quizás a menos nivel intelectual menos mortaja.

-¿Tiene ventajas?

-Disimula las manchas de sangre o fluído y las malas posturas.

-¿Por la rigidez de miembros?

-No. El rigor mortis desaparece al poco tiempo y un brazo casi siempre puede estirarse por relajación de tendones. Es un trabajo muy bonito.

-¿Uniformes?

-Sí, sobre todo policías. Y banderas del Barça y del Madrid dentro de la caja, unas cuantas.

-¿El tópico más repetido es «parece que duerme»?

-A mí el que más me gusta es «está como era».

No somos nada

 


 

«LA NEVERA FRANCESA

Queremos homologar la figura del tanatopractor español a las de Francia, Alemania o Inglaterra y regular así una profesión que, en teoría, no existe en España; sólo se reconoce en Catalunya», dice Navarro.

Su trabajo es tan desconocido que se les pide un trabajo en media hora cuando una tanatopraxia normal precisa un mínimo de una hora. Vestirlo y maquillarlo otra hora.

«En Francia los puedes poner en la nevera del tanatorio y arreglarlos sin prisas en dos o tres días», dice.

 

 

noviembre del 2.003

 

Maquilladores de cadáveres

 

 

 

à A estos profesionales se les conoce como tanatoprácticos.

à Su trabajo fundamental es dar al difunto una imagen de sosiego y reposo.

à También realizan restauración y reconstrucción de partes deterioradas.

 

 

    Amortajar un cadáver es una de las tradiciones más antiguas practicadas por el ser humano. Sin embargo, y a pesar de las avanzadas técnicas utilizadas en este sentido por culturas como la egipcia, es hoy cuando la tanatopraxia se ha convertido en una profesión imprescindible a la hora de dar el último adiós a un ser querido. Para ello, las funerarias españolas ponen a disposición de los familiares, cada día con más frecuencia, a tanatoprácticos oficiales para que den los últimos retoques a los difuntos. “Frases tan sencillas como: “Es él”, “Está tal como era” o “Parece que está durmiendo”, es lo mejor que nos pueden decir en nuestro trabajo”, nos explica el portavoz de la Asociación de Profesionales Tanatoprácticos de Cataluña, Antonio Navarro Ramírez.. Un ejemplo –salvando las distancias entre la realidad y la ficción- del trabajo que realizan estos profesionales lo hemos podido observar todos los martes en la exitosa serie televisiva “A dos metros bajo tierra”. Todo un arte al servicio de la sociedad. “Lo más importantes, de nuestra profesión es, por ejemplo, quitar al cadáver la imagen de dolor y sufrimiento que tenía en sus últimos días en el hospital y darle una imagen de sosiego, tranquilidad y reposo”, nos comenta.

 

à CONTRARRELOJ

A pesar de que en la mayoría de las ocasiones el trabajo de los tanatoprácticos es bien valorado por los familiares del difunto, estos profesionales son unos perfeccionistas y a menudo se quejan de falta de tiempo. “El tiempo para preparar a un difunto, siempre es insuficiente. Siempre quedan cositas por hacer”,  afirma con cierto pesar de artista Antonio. En este sentido, nos comenta que, “a modo orientativo”, se emplea una hora en efectuar la tanatopraxia o conservación y otra hora en preparar el ataúd, vestir, afeitar y maquillar al difunto. “Son tiempos orientativos, porque hay difuntos que presentan ciertos problemitas. Sobre todo en lo referente a la restauración de partes que le faltaban o tienen deterioradas”, precisa. La mayoría, en 30 minutos se podrían resolver, rasguños, cortecitos... Aunque a otros les faltan partes como orejas, labios, trozos de la cara... En estos trabajos puedes tardar varias horas”, indica.

 

à PETICIONES EXTRAÑAS

Encerrados con los cadáveres entre un sinfín de botes con líquidos, hilos, ceras, látex, maquillaje, herramientas variopintas, retratos de sus clientes y mucha imaginación, los tanatoprácticos atienden a pies juntillas las peticiones de los familiares. Hasta las más extrañas. “En ocasiones nos han pedido cosas como colocarles en el ataúd botellas de whisky, paquetes de tabaco o bolsas de tierra de su pueblo, vestirlos con el uniforme de la Guardia Civil, de militar, colocar banderas e insignias  de su club favorito de fútbol, poner fotos de sus familiares o aquella sábana o ropa que la persona ya tenía destinada para su mortaja”, cuenta.

 

 

         “Estoy orgulloso de mi trabajo, aunque haya gente que me haga bromas. Intento ofrecer un servicio a la altura que merecen las familias que pierden a un ser querido”

 

 

    Sin embargo, el verdadero trabajo llega a la hora de dotar de expresión al cadáver. La misma que tenía en vida. “Colocando cada cosa de forma natural te surge con era. Por ejemplo, si al cerrarle la boca sin dientes, la cierras demasiado, no es él. Si la cierras demasiado poco, tampoco es él. Si se la dejas estirada, tampoco es él. Se ha de hacer de forma natural, y no sólo la boca, sino los párpados, las manos... Lo que da a veces un poco más de problemas es el pelo. Cuando muestras al difunto a su familia tienes que estar muy receptivo para ver qué tal valoran el trabajo por si puedes aconsejar hacer algún retoque o realizar lo que te indiquen”, señala.

    Lo que nunca le ha ocurrido es que uno de sus clientes se le levante y proteste. “No, nunca se me ha levantado un cadáver. Anda que no correría si se levantara, con lo miedoso que soy. Eso si, a veces hacen ruidos debido a la salida de gases, pero con el tiempo los reconoces”, indica.

 

à GAJES DEL OFICIO

    La figura del tanatopráctico no es reconocida oficialmente, algo que si pasa con la Tanatopraxia en algunas comunidades autónomas. ¿Por qué?  “Eso quisiera saber yo. Donde se reconoce la Tanatopraxia, se dice que las tareas a realizar las efectuarán los médicos. Sin ánimo de ofensa, ellos sabrán muchísimo de su profesión, pero sobre conservaciones, restauración o preparación de difuntos... esto sabemos hacer los tanatoprácticos, y llevamos muchos años haciéndolo”, concluye.

    Sobre las constantes bromas que conlleva su profesión, Antonio es muy claro. “Estoy orgulloso e intento ser un profesional, aunque es cierto que hay personas que tienen la risa tonta y sacan una bromita aún más tonta”, indica. Y es que, para él, ser tanatopráctico es un oficio muy digno y merece todos los respetos por la labor que se realiza: “Intentamos hacer nuestro trabajo y ofrecer un servicio a la altura que merecen las familias que han perdido un ser querido”.

    Eso si, para realizar una vida social sin complejos –aparte de los reparos que puede conllevar el decir que tus clientes son cadáveres- se hace necesario eliminar el olor que se te pega al cuerpo tras un día de trabajo. “Normalmente los difuntos no suelen oler mucho, aunque es cierto que se hace insoportable el olor cuando los estás preparando. De todas formas, hoy utilizamos productos para combatirlo que eliminan todos los olores: gases, pérdidas de líquido, bacterias...”, señala.

 

 

 

¿Qué es la Tanatopraxia?

 

à Es la completa desinfección y preservación de los cadáveres. Sin embargo, lo que observan los familiares a simple vista es la natural apariencia del cuerpo, semejante a la que tenía en vida.

 

à Se efectúa a través de la inyección vascular y de cavidad de soluciones acuosas de químicos germicidas solubles.

    En algunos casos se complementa con inyecciones directas hipodérmicas en los tejidos.

 

à Las ventajas que presenta son la preservación de contagio de enfermedades, la eliminación del olor y derrame de líquidos, y la recuperación de la apariencia normal del cadáver. Además, facilita a la familia el duelo y un recuerdo sin traumas.

 

à A pesar de no estar reconocida oficialmente la figura del tanatopráctico, éste debe poseer una formación académica adecuada, ética intachable, creatividad, iniciativa y sensibilidad.